noviembre 26, 2022

Bolsonaristas pasaron del festejo a los rezos por un milagro que jamás llegó


Foto Julin lvarez
Foto: Julián Álvarez

De los fuegos artificiales y la música funk a las lágrimas en los ojos y el pedido de oración: así cambió el clima que se vivió entre seguidores del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que se reunieron en la tarde del domingo en Barra da Tijuca, Río de Janeiro, la cuna política del excapitán del Ejército, mientras avanzaba el recuento del balotaje que terminó dando la victoria al líder opositor Luiz Inácio Lula da Silva.

En un primer momento, mientras los resultados que iba actualizando el tribunal electoral mostraban a Bolsonaro en la delantera, el ambiente en uno de los barrios más privilegiados de Río de Janeiro era de festejo.

Fuegos artificiales, cervezas en las manos y música por altoparlantes de un pequeño camión y una pantalla gigante detrás se veían sobre la avenida Atlántica, la única que separa los condominios y edificios de lujo del mar, y que se vistió de verde y amarillo para la ocasión.

«Tenemos fe en que va a ganar. El escenario afuera (de Brasil) está lleno de comunismo y no queremos eso. Eso es lo que nos moviliza», dijo a Télam Jonatan dos Reis, de 27 años, que estaba relajado junto a su novia en el bulevar de la avenida, frente al condominio.

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Foto: Julián Álvarez

Por los parlantes se escuchaba la invitación «a orar por nuestra nación y por la vida de los patriotas».

En torno a las 18.45, cuando se conocieron los resultados parciales, y Lula pasó al frente, la atmósfera cambió.

Desde el «escenario», una de las personas que animaba la convocatoria pidió que todos se tomaran de las manos y repitieran: «Va a salir bien».

También se tranquilizaban con frases como «ya terminó el recuento en el nordeste», región con mayoría a favor del Partido de los Trabajadores (PT), como insinuando que el espacio de Lula ya no podía aumentar su caudal de votos.

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Foto: Julián Álvarez

Los seguidores reforzaron la idea de «fraude» antes de ver consolidada la tendencia, a la vez que buscaban consuelo con lágrimas en los ojos.

La narrativa sostenida por el mandatario a lo largo de la campaña de que existe posibilidad de alterar el resultado electoral ha sido repetida por sus seguidores, como el analista de sistemas Marcio Bruno, de 51 años, que comentó a Télam que «todo lo que es digital tiene posibilidad de ser alterado, así que puede haber fraude».

«Hay que esperar a ver qué dice el Presidente, si quiere que salgamos a la calle o no», dijo a esta agencia Alexis Luiz, de 46 años, luego de arrodillarse.

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Foto: Julián Álvarez

Su amigo no quiso dar su nombre, pero dijo que estaba seguro de que hubo «fraude».

«Yo vine gratis», coreaban, además del clásico entre los seguidores del presidente: «Lula, ladrón, tu lugar es la prisión».

Karina Leite, de 34 años, se balanceaba con una pequeña botella de cerveza en la mano. Como casi todos en el lugar, vestía con los colores de la bandera brasileña, una vincha con el mismo motivo, una camiseta amarilla con la cara de Bolsonaro y glitter amarillo en los ojos.

Comentó que es hija de padre portugués y trabaja en la empresa de fabricación de repuestos para camiones que fundó su padre, un inmigrante portugués.

«Bolsonaro está con los empleadores y les da beneficios, como hizo con la reducción del precio de los combustibles y la reforma laboral», dijo, articulando las palabras con dificultad. Y aunque descartó el uso de la violencia, apuntó: «No vamos a aceptar otro resultado».

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Foto: Julián Álvarez

Para Henry Carvalho, de 41, «está más que comprobado que puede haber fraude, como en todo lo digital»; según Andreia Suhett, de 44, «alcanza con ver a la gente en las calles para ver que si gana Lula es fraude»; también para Jonatas Carneiro, de 39, los comicios son pasibles de alteración y criticó las encuestas que no reflejan el «Data Pueblo», haciendo un juego de palabras con la encuestadora Data Folha.

Pasadas las 19, la tendencia de los resultados era irreversible y el clima de «fin de fiesta» fue evidente: la música se cortaba, las escaramuzas y peleas se multiplicaron pero sin pasar a mayores.

Por momentos intentaban reanimar el clima con fuegos artificiales, más cantos y el endurecimiento del discurso de los autodesignados para conducir la reunión y que los consultados por Télam dijeron desconocer quiénes eran, pero todos dirigían la mirada expectante.

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Foto: Julián Álvarez

«Bolsonaro es el presidente hasta el 30 de diciembre, así que algo se podrá hacer. Presten atención», dijo uno, y otro tomó el micrófono: «No reconozcamos este resultado hasta que el presidente lo haga. Tenemos que pelear. Esperemos».

Faltando cinco minutos para las 20, el anuncio fue oficial: Lula da Silva será, por tercera vez, presidente de Brasil.

Ante la pregunta de si reconocerá la victoria del líder del Partido de los Trabajadores, Michelle, de 70 años, movió la cabeza lentamente para indicar que «no». Su hija, Sueli, de 42, contestó: «Ella está arrasada, estamos como anestesiadas y aún no podemos aceptar este resultado».

A las 20.15 la desconcentración ya estaba avanzada, aunque la música continuaba, y algunos permanecían aún atónitos.

Cristiani, 47, lloraba sin poder hablar pese al intento, pero su esposo Leandro, 50, tomó la iniciativa: «Lula no va a conseguir gobernar porque el país va a estar enterrado».

Ella se recompuso mientras abrazaba a su hija Leane, 21: «Esto fue fraude». El marido retomó: «Lo que tiene que hacer Bolsonaro es tomar el poder con los militares». Luego agregó, con seguridad: «Está convocando a los generales. Hay que esperar porque algo va a armar».

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Foto: Julián Álvarez





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